viernes, 2 de diciembre de 2011





"La certeza es natural e intuitiva como la duda."


"Nadie intentará nunca romper cadenas ni derribar muros si se tiene una creencia colectiva de que esas cadenas son fuertes y verdaderas como el acero. Para tener el temple y la decisión hay que tener el espíritu y más que nada la duda de que esas cadenas son como nos dicen y enseñaron que son.
La duda nos hace libres, diferentes, nos separa de lo estipulado y creído por la sociedad, pero quien elige la duda elige también la soledad. Esta soledad se consigue gracias a una complicidad ignorante que juzga lo diferente, lo que no piensa como uno. Juega, marca y lastima al otro por sentirse ofendida al no entender a los espíritus libres, a las personas que dudan de todo lo aprendido, de todo lo impuesto por años en su vida.
A la ignorancia hay que hablarle sutilmente, de lo contrario se volverá vengativa. No hay que hacerla sentir ignorante. La humillación provoca resentimiento y odio a lo que la baja de un pedestal ilusorio.

Nos enseñaron a vivir en un mundo que tiene las reglas de juego muy definidas, y es más, existe sólo ese juego. Quien esté fuera de ese juego está ajeno a todo, quien eligió otro juego eligió nuevamente la soledad. Pero la soledad producida por no jugar trae un regalo, trae voces arrastradas por el viento, murmullos casi mudos que nos dicen algo que no queremos dejar de oír.

Y es que por muy seguros que a veces estemos de algo, siempre cabe la posibilidad de que esa seguridad termine por desaparecer. Incluso cuando hay cosas que damos por hecho, cuando daríamos todo lo que tenemos por algo de lo que estamos realmente convencidos... y luego, una vez más, dudamos.

Vivimos en una nada existente que podría serlo todo. Tal vez es tiempo de dudar de todo, tal vez es tiempo de juzgar lo único que merece ser puesto en juicio."