Duele, la vida como un puñal hay veces que duele; y nada tiene que ver con tu boca que hecha para besar hay veces que muerde, que anuncia cordura y a veces se vuelve loca. Y duele porque la piel no es materia inerte, y duele porque el querer es dolerse a veces.
Tiembla, la vida como con miedo hay veces que tiembla; y nada tiene que ver con el aire que mueve tu ropa en noches de luna escueta... que aprieta, suelta y evoca y me enloquece. Y tiembla por los latidos que tú provocas, y también porque el querer es temblar a veces.
Y cada uno en su camino va cantando espantando sus penas, y cada cual en su destino va llenando de soles sus venas... Y yo aquí sigo en mi trinchera, corazón, tirando piedras contra la última frontera; la que separa el mar del cielo del color de tus maneras, la que me lleva a la guerra... a ser semilla en la tierra.
Y no me pidas tanto corazón, que tengo poco aire en el pulmón. Lo que tengo es un castillo en el cielo. Si viene la guadaña a mi rincón, enjuágame la frente en tu sudor y le das un beso a todos si me muero.
Ríe, la vida como un volcán hay veces que ríe; y nada tiene que ver con el tiempo... se ríe porque para ella somos tan leves como el humo azul que del pudor se desprende. Y ríe porque tu llanto se lo merece, y también porque el querer es reírse a veces.
Vive, la vida por compasión hay veces que vive; y nada tiene que ver con la muerte... y cuando llegue ese instante déjame verte, que no hay mayor libertad que tenerte enfrente. Y que nadie sea absuelto por no quererse, y vive porque el querer es vivir con creces. Y si todo es semilla no me dolerá la astilla, que sangran de mi costado tus andares de chiquilla... Y no me digas nada, déjame a mí en mi ventana. Con los pies del otro lado, yo me fumo mis mañanas.

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