martes, 30 de noviembre de 2010

Recuerdos.









- Una mujer no acepta un regalo de un hombre al que no puede demostrar su agradecimiento.
Las palabras eran firmes, pero el tono lo era menos. Respondí con acento falsamente ofendido:
- No es ningún regalo. ¡Compro este objeto porque le tengo aprecio!
- ¿Y por qué ibas a tenérselo?
- Es un recuerdo.
- ¡Pero si es la primera vez que lo ves!
Basta a veces con vislumbrarlo para que un objeto se convierta en insustituible.

Se ruborizó. Nuestras miradas se cruzaron.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Un hilo de esperanza.







Se interrumpió, pues yo me había puesto en pie de un brinco. 
No quería oír ni una palabra de tales calumnias ni siquiera de su boca exquisita. ¿De qué huía así: de la verdad o de la mentira? No lo sé. Lo único que tenía importancia ya era el amor que acababa de nacer en mi corazón y en el suyo. Cuando se levantó para despedirse de mí, había inquietud en sus ojos. Mi precipitada marcha la había ofuscado un poco. Tuvo que sobreponerse a su timidez para decirme:
-¿Volveremos a vernos alguna vez?
Hasta el fin de mi vida.

Rocé sus labios con los míos. Su mirada estaba de nuevo ofuscada, pero por la felicidad y el vértigo de la esperanza.