lunes, 25 de julio de 2011



Te duelen los engranajes cuando toses, ¿verdad?
Pues bien, ese es un sufrimiento insignificante si lo comparas con el que puede originar el amor. Algún día, es posible que tengas que pagar un precio muy alto por todo el placer y la alegría que el amor provoca. Y cuanto más intensamente ames, más intenso será el dolor futuro. Conocerás la angustia de los celos, de la incomprensión, la sensación de rechazo y de injusticia. Sentirás el frío hasta en tus huesos, y tu sangre formará cubitos de hielo que notarás correr bajo tu piel. La mecánica de tu corazón explotará.

domingo, 17 de julio de 2011



Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.
La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.
La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que "el tiempo todo lo cura" es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.
La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es sólo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.
La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.

miércoles, 13 de julio de 2011









Cuando despertó, estaba encerrado en una alta torre. Le habían quitado la espada y lo habían despojado de sus herramientas: no tenía ni la llave, ni la moneda ni la vela. Pero no creáis que era lo peor... ¡porque las lámparas de la pared ardían con llamas azules!
Tenía que huir, pero cuando miró alrededor vio que en su celda no había puerta. Ni ventanas. Lo único que había era piedra lisa y dura. Una celda de la que nadie había escapado jamás.
Pero conocía el nombre de todas las cosas, y todas las cosas estaban a sus órdenes. Le dijo a la piedra '¡Rómpete!', y la piedra se rompió. La pared se partió como una hoja de papel, y por esa brecha vio el cielo y respiró el dulce aire primaveral. Se acercó al borde, miró hacia abajo y, sin pensárselo dos veces, se lanzó al vacío...
Se precipitó, pero no perdió la esperanza. Porque conocía el nombre del viento, y el viento le obedeció. Le habló al viento, y éste lo meció y lo acarició. Lo bajó hasta el suelo suavemente, y lo posó de pie con la dulzura del beso de una madre.
Y cuando llegó al suelo y se tocó el costado, donde lo habían apuñalado, vio que no tenía más que un rasguño. Quizá fuera cuestión de suerte, o quizá tuviera algo que ver con el amuleto que llevaba debajo de la camisa.

domingo, 10 de julio de 2011






'Tú nunca has parecido necesitar realmente a nadie. Siempre has sido tan... contenido. Todo lo que has necesitado han sido tus lápices y tus mundos imaginarios. Tantísimas veces he tenido que decir cosas seis, siete veces antes de que me respondieras, de tan lejos como estabas. Y entonces te volvías hacia mí y me dedicabas esa curiosa sonrisa tuya, y yo sabía que te habías olvidado completamente de mí y acababas de acordarte..., pero nunca me enfadé contigo. La mitad de tu atención es mejor que toda la de cualquier otra persona.'

lunes, 4 de julio de 2011



Como todo, esto es una probabilidad.
Sí, ahora estoy segura... completamente segura de esto. No, es más, 100% segura se queda corto... yo le pondría incluso un 101%.
Y sé que existe la posibilidad de que me eleve tanto, tanto, tanto... que al final tenga que caer. Sí, sé que cuanto más alta sea la caída, más dolorosa. Eso lo sé.
¿Pero y si no subo? Me arrepentiría toda la vida de no haber intentado conseguir lo que quería.
Lo tengo, ahora lo tengo... y no, no tengo la intención de soltarlo. Por eso, voy a agarrarle fuerte, muy fuerte, y voy a subir hasta arriba del todo. O más. Hasta donde haga falta.
Si tenemos que caernos, caeremos juntos. No hay más.

viernes, 1 de julio de 2011











Esa sensación de estar llena, de estar completa.

Es la satisfacción de haber conseguido un objetivo, una meta... de poder suspirar al fin recordándote que tienes todo el tiempo del mundo para disfrutarlo. Satisfacción por haberlo alcanzado.

Sonríes, y juras no dejarlo escapar. No, no vas a soltarlo... eso lo sabes bien.