domingo, 27 de febrero de 2011
Una silla sigue siendo una silla, incluso cuando no hay nadie sentado en ella. Pero una silla no es una casa… y una casa no es un hogar, cuando no hay nadie allí para abrazarte fuerte. Y no hay nadie allí, a quien poder dar un beso de buenas noches.
Una habitación sigue siendo una habitación, incluso cuando en ella sólo hay penumbra. Pero una habitación no es una casa… y una casa no es un hogar cuando los dos estamos apartados, y uno tiene roto el corazón.
De vez en cuando digo tu nombre, y de repente aparece tu cara. Pero es sólo un juego de locos… Y cuando acaba, acaba en lágrimas.
Así que, pequeño, ten corazón. No dejes que un error nos separe. Yo no debería vivir solo, convierte esta casa en un hogar. Cuando suba los escalones y gire la llave, por favor, que estés allí… todavía enamorado de mí.
Con sólo una caricia, me pierdo en este mar...
sábado, 26 de febrero de 2011
Lo sabía.
16 segundos.
Muy poco tiempo realmente, pero para ella el suficiente. El suficiente tiempo como para poder oír su respiración, poder recordar aquella peculiar manera de inspirar y espirar. Tan suave...
A esas alturas se conformaba con poco, sí, con muy poco. Pero había aprendido que las pequeñas cosas son las que más dicen sobre alguien. Son las que te muestran la verdadera identidad, el ser.
16 segundos que se le habían hecho eternos. Hubiera podido articular palabra, pero no lo hizo. Era un momento perfecto, nadie iba a arrebatarle ese instante, ese suspiro.
Pero también pudo darse cuenta de que aquello no estaba bien. No podía estar toda la vida martirizándose con aquello. No. Le veneraba, no sabía hasta que punto. Al fin y al cabo, era lo más justo; él la había venerado a ella durante mucho tiempo. Ahora era al contrario, pero esto ya sobrepasaba los límites de la realidad.
Ella no quería tenerle, no. Sabía que eso ya no estaba a su alcance. Tan sólo disfrutaba con pequeños detalles, como oírle respirar, poder sentir su presencia, imaginarle, soñarle... respirar su aroma.
Cosas que quizás fueran estúpidas, ella era consciente. Pero qué le iba a hacer, no podía evitarlo.
Sabía que cada brazada más que diera, sería otra brazada en sentido contrario, hacia la orilla.
martes, 22 de febrero de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
And I still love you.
Ella rebosaba ira por todo su cuerpo. Apenas podía contener la rabia que había estado guardando. No podía ser, no. No podía ser. No podía ser que por aquella insignificante causa todo terminara. Pero le había herido, le había hecho daño en lo más profundo. Ahora ella solamente quería dejar a un lado todo, no mirarle, no dirigir palabras hacia él, olvidarse de la persona que más amaba en el mundo. Pero se le había olvidado que eso era imposible, se le olvidó que eso era una tarea que no estaba aún al alcance de su mano, y que quizás nunca lo estaría.
Aunque intentaba aparentar que prefería no verle, que prefería no tener que escuchar sus palabras de arrepentimiento, en realidad añoraba su mirada. Añoraba su dulce boca, sus palabras, su manera de moverse. Le añoraba hasta rozar la locura. Pero estaba aprendiendo a ser fuerte, o al menos a aparentar serlo.
Llegó allí con un gran miedo que le inundaba. Tenía miedo a no saber qué decir, a no saber reaccionar ante él. Tenía miedo a no poder resistir abrazarle con todas sus fuerzas, y susurrarle cuánto le había echado de menos ese tiempo.
Pero se vistió con la mejor de sus corazas, y decidió enfrentarse a ello. Iba preparada para ser fría, dura, distante... Pero ella no contaba con aquello. Cuando llegó y vio al que era el hombre de su vida con esa rosa en la mano, mirada tierna y ojos llorosos, se le calló el mundo encima.
Entonces no tuvo más remedio que dejar a un lado su defectuosa coraza, y dar paso a todos esos recuerdos. Momentos juntos...
Cuando él le dijo lo que realmente sentía. Cuando él intentó besarle. Cuando aquel sueño compartido pasó a formar parte de una realidad casi imaginaria...
Tuvo que abrazarle llorando, tuvo que hacerlo. No pudo resistir un segundo más. Le dio igual que la gente les estuviera mirando, le dio igual no parecer fuerte, le dio igual abalanzarse sobre él hasta casi tirarlo al suelo.
Un beso. Un beso de alivio, dulce, revitalizante.
Y esa rosa... para ella no era una simple rosa roja. No, para ella era mucho más que eso. Simbolizaba todo lo que habían construido juntos, todo lo que para ella pasara lo que pasara nunca iba a poder derribar.
jueves, 10 de febrero de 2011
Al menos reconozco que es envidia. Sí, tengo envidia. Envidia sana, por supuesto, pero envidia.
Tanto tiempo consolida la fuerza que los atrae, y los hace dependientes el uno del otro, casi totalmente. Es así como el vínculo que han formado es tan grande que será muy difícil, casi imposible, lograr romperlo.
domingo, 6 de febrero de 2011
Él
De algo estoy segura.
No podrá quererlo como lo quería yo, no podrá adorarlo de ese modo, no sabrá advertir hasta el menor de sus dulces movimientos, de aquellos gestos imperceptibles de su cara.
Es como si sólo a mí se me hubiera sido concedida la facultad de ver, de conocer el verdadero sabor de sus besos, el color real de sus ojos.
Nadie podrá ver nunca lo que yo he visto. Y ella menos que ninguna.
Ella, incapaz de amarlo, incapaz de verlo verdaderamente, de entenderlo, de respetarlo.
Ella no se divertirá con esos tiernos caprichos.
No podrá quererlo como lo quería yo, no podrá adorarlo de ese modo, no sabrá advertir hasta el menor de sus dulces movimientos, de aquellos gestos imperceptibles de su cara.
Es como si sólo a mí se me hubiera sido concedida la facultad de ver, de conocer el verdadero sabor de sus besos, el color real de sus ojos.
Nadie podrá ver nunca lo que yo he visto. Y ella menos que ninguna.
Ella, incapaz de amarlo, incapaz de verlo verdaderamente, de entenderlo, de respetarlo.
Ella no se divertirá con esos tiernos caprichos.
sábado, 5 de febrero de 2011
Run away.
Fuera de mi ventana sólo veo coches veloces, motos alocadas, que dejan el tráfico atrás. He aprendido una pequeña verdad, el mundo te quiere rápido para que llegues a tiempo. Te quiere veloz para recordar sólo el sonido de tus pasos y es por eso que cuando te acuerdas de que no vas a ningún lado... aceleras.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)








